miércoles, 15 de septiembre de 2010

SEGUNDO DE GUILLERMO PRIETO


Guillermo Prieto, datos biográficos esenciales:
Nació en la ciudad de México el 10 de febrero de 1818, hijo de José María Prieto Gamboa y Josefa Pradillo y Estañol. Su niñez transcurre por el rumbo del Molino del Rey junto al histórico Castillo de Chapultepec.
Contaba al morir 79 años, cargados de laureles.Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
No hay sino hojear su libro "Memorias de mis Tiempos" para darse cuenta exacta de lo que fue la vida de este excelso hombre público que, formado por su propio esfuerzo, llegó desde la desmembrada mesa de escribientillo de la aduana,hasta los escaños de los ministerios y tuvo la honra de defender la libertad de su patria, no sólo con la pluma, sino con la voz más inspirada que ha resonado en nuestra historia en los momentos en que parecía naufragar el espíritu público ahogado por la traición y por la perfidia.


Guillermo Prieto era, según sus contemporáneos, una historia viviente. Como reunía a un gran talento un enorme gracejo y una frescura espiritual que nunca lo abandonaron, daba placer escuchar de sus labios las mil y una aventuras en que se había visto envuelto y la gente se relamía de gusto, oyendo cómo refería sus dimes y diretes con los habitantes de los barrios, sus conflictos durante las incontables revoluciones de que había sido testigo, o se conmovía cuando relataba los instantes tremendos de la peregrinación con Juárez por el desierto, en el grupo de "inmaculados" a que él pertenecía.

Bello tituló este último y muy justo epíteto, “inmaculado”, en su descripción de Guillermo Prieto,puesto que habiendo sido ministro de hacienda cuando se desamortizaron los bienes del clero, y tocándole a él, según la ley, el cinco por ciento de la operación, tuvo el orgullo de renunciar a ese beneficio "sacrificándolo todo, según él mismo lo refería, a un reputación sin mancha."
A continuación un trabajo de recopilación de este comentarista, con la ayuda de los alumnos del grupo SF03C, a los que conduje en el módulo de Periodismo y Lirteratura, en el Taller de Escritura, en la primavera del año de 2010, de la Carrera de Comunicación Social de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco:

Guillermo Prieto nació en Tacubaya, Distrito Federal, el 10 de febrero de 1818. Su niñez transcurre por el rumbo del Molino del Rey junto al histórico Castillo de Chapultepec.
Huérfano de padre a los 13 años de edad, tuvo que padecer otra desgracia; su madre se volvió loca, En efecto, Meses después de la muerte de su marido, “un honrado molinero”, doña Josefa perdió la razón y el adolescente entró a trabajar como dependiente en una tienda de ropa. Todos los fines de semana visitaba a su madre en el psiquiátrico de La Castañeda y de aquella triste y dolorosa experiencia escribió un relato político, trasladando a los próceres los comportamientos de los locos del manicomio. La guerra civil, "un gigantesco manicomio, sin muros que contengan a los dementes".
Para subsistir, el pobre muchacho trabajó como dependiente en una tienda de ropa y luego como meritorio en la aduana, bajo la protección de don Andrés Quintana Roo.
Este notable personaje era en los años 30 secretario de Justicia. Distinguiendo el talento de Guillermo, le dio empleo como meritorio en la Aduana y ya con este medio para ganarse la vida, pudo ingresar al Colegio de San Juan de Letrán.


Posteriormente, al lado de Manuel Toussaint Ferrer y los hermanos José María y Juan Lacunza, participó en la fundación de la Academia de Letrán, en 1836, dirigida por Andrés Quintana Roo, "a la que debe -según sus propias palabras- la tendencia a mexicanizar la literatura".
Luego, fue secretario particular de Valentín Gómez Farías y Anastasio Bustamante, sucesivamente. Comenzó su carrera de periodista en El Siglo XIX, como crítico teatral, publicando los "San Lunes" de Fide. Por ese tiempo, colaboró también en el Monitor Republicano. En 1845 fundó, con Ignacio Ramírez el periódico satírico Don Simplicio.
Afiliado desde muy joven al Partido Liberal, defendió sus ideas en la prensa y en su poesía. En 1897 fundó con Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez El Correo de México, pero no fue sino hasta 1859, en enero, en que apareció el primer número de su revista El Renacimiento, un hito en la historia de la literatura mexicana. Desde aquellas páginas, el maestro se propuso reunir a los escritores de todos los credos, sumando inteligencias en esta, la primera gran obra de reconstrucción nacional.
El espíritu de tolerancia del indígena puro Ignacio Ramírez, en el campo de las letras, quedó expresado en la exhortación que hizo, desde su revista en conciliar a los intelectuales de todos los bandos. Fue así como logró que escribieran ahí románticos, neoclásicos y eclécticos, conservadores y liberales, juaristas y progresistas, figuras consagradas y novatos de las letras, bohemios poetas, sesudos ensayistas, solemnes historiadores y hombres de ciencia.

Altamirano fue el puente entre la generación del liberalismo ilustrado, representado por Ignacio Ramírez, Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio y la generación de los jóvenes escritores como Justo Sierra, Manuel Acuña, Manuel M. Flores, Juan de Dios Peza y Angel de Campo.
Al terminarse el ciclo de esta revista fundó Ramírez los periódicos El Federalista(1871) y La Tribuna(1875), formó la primera Asociación Mutualista de Escritores, siendo él mismo presidente y Francisco Sosa el secretario, publicó La República (1880) periódico consagrado a defender los intereses de las clases trabajadoras.

Prieto, entretanto, fue ministro de Hacienda --"cuidaba el pan del pobre"-- en el gabinete del general Mariano Arista (14 de septiembre de 1852 al 5 de enero de 1853). Se adhirió al Plan de Ayutla, proclamado el primero de marzo de 1854, por cuyo motivo sufrió destierro en Cadereyta, Guanajuato.
Guillermo se opuso con todas sus fuerzas al regreso de Santa Anna al poder. Y corriendo el año de 1853, lo fustigaba cotidianamente, casi, desde el periódico, El Monitor Republicano. En un jocoso escrito, Prieto cuenta que Santa Anna mandó por él. Ya enfrente de él y ante un grupo de comensales, trató de castigarlo dándole de bastonazos, pues ya estaba cojo. Ágilmente, don Guillermo saltaba evitando los golpes, mientras le daba vuelta a la gran mesa y cogió a toda prisa para la puerta que daba a la calle. Al día siguiente fueron por él para desterrarlo a Cadereyta.
Y de veras, debe haber sufrido ese castigo bastante, de acuerdo a esta poesía que transcribimos de su libro “Musa Callejera”:
MIS DULZURAS
Tengo por vecindad una escoleta
En que truena perpetua la tambora
Y alterna con la trompa graznadora
El agudo octavino y la trompeta.
De una escuela la eterna cantaleta
Me desgarra la oreja, hora por hora,
Y un chico de la criada ya a la aurora,
Chilla si el pecho maternal no aprieta.
Por posdata, sus gallos temerarios
Rubín pone en el cuarto de delante;
Corona todo el tren un campanario
Pertinaz, obstinado e incesante
En repicar …Aqueste es mi calvario
En Cadereyta, calle del Diamante.

Cuando triunfó el Plan de Ayutla, retornó Prieto a la ciudad de México y fue una de los constituyentes de la carta magna de 1857: Participó como funcionario en el gobierno de Juárez, y luchó denodadamente contra los franceses, desde sus tribunas periodísticas y escribiendo el ya reproducido himno contra la intervención.Los periódicos liberales acogieron sus colaboraciones: La Orquesta, La Chinaca, El Cura de Tamajón. Ya restaurada la república escribió en publicaciones donde se plasmaba la naciente configuración moderna de la nación: Liceo Hidalgo, El Renacimiento,
Posteriormente, volvió a desempeñar la cartera de Hacienda --"limpiaba el tesoro de sombras y mamotretos"--, en el gobierno de Juan Álvarez (6 de octubre al 6 de diciembre de 1855). Fue diputado 15 veces durante 20 periodos del Congreso de la Unión, y participó, representando a Puebla, en el Congreso Constituyente de 1856-1857. Por tercera vez al frente del Ministerio de Hacienda --(21 de enero de 1858 al 2 de enero de 1859)--, acompañó al presidente Don Benito Juárez en su huida, después del pronunciamiento del general Félix Zuloaga.
En Guadalajara don Guillermo Prieto salvó la vida del presidente Juárez, interponiéndose entre él y los fusiles de la guardia sublevada.
He aquí como lo expone el propio Guillermo Prieto:
El día que salvé a Juárez
Texto del poeta mexicano Guillermo Prieto sobre el presidente Benito Juárez.
“Se había anunciado que nos fusilarían en una hora. Algunos, como Ocampo, escribían sus disposiciones. El señor Juárez se paseaba silencioso, con inverosímil tranquilidad. Yo salí a la puerta a ver lo que ocurría.

En el patio la gritería era espantosa.

Los soldados entraron al salón... arrollándolo todo. A su frente venía un joven moreno, de ojos negros como relámpagos: era Peraza. Corría de un extremo a otro con pistola en mano un joven de cabellos rubios: era Moret. Y formaba en aquella vanguardia don Filomeno Bravo, gobernador de Colima después.

Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente a la puerta del cuarto... y sin más reserva, y sin saber quién daba las voces de mando, oímos indistintamente: "¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen! ¡Apunten!...".


Los feroces rostros de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba a Juárez... yo no sé... se apoderó de mí algo de vértigo, o de algo que no pude dar cuenta... Rápido como el pensamiento, tomé al señor Juárez de la ropa, lo puse a mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo... Abrí mis brazos... y ahogando a la voz de "fuego" que tronaba en aquel instante, grité: "¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan!".


El descontento general favoreció a los liberales, pero el país todavía presenciaría los pronunciamientos del moderado Manuel Doblado en el Bajío y del conservador Antonio Haro y Tamariz en San Luis Potosí, combatidos por el general Comonfort. Haro pretendía establecer el Imperio de Anáhuac con Agustín de Iturbide, hijo, en el trono.
Mientras Comonfort consolidaba el triunfo, liberales exiliados en Nueva Orleáns, como Melchor Ocampo y Benito Juárez, apresuraron su retorno. Santa Anna salió el 17 de agosto de 1855 de la capital, ocupada por los liberales el 16 de septiembre. El 14 de octubre, representantes de los estados elegían a Juan Álvarez presidente provisional, quien nombró un gabinete de puros: Ocampo, Juárez, Ponciano Arriaga y Guillermo Prieto, y el moderado

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